En una ciudad como la nuestra, siempre cosmopolita y en ocasiones excesivamente cambiante, es difícil detenerse un instante para recordar aquella Málaga entrañable y coqueta de color sepia.

Con el paso del tiempo la ciudad ha encontrado un nuevo ritmo, un nuevo compás. En la fotogrfía apreciamos la plaza de la Constitución en la primera mitad del siglo XX.

No quisiera que estas líneas sean interpretadas como un réquiem a Málaga, sino todo lo contrario; el entorno urbano “marca” considerablemente tanto a la ciudad como a sus ciudadanos y es por lo que el respeto a la historia comienza por la conservación del patrimonio.

En ocasiones es prácticamente imposible salvar una determinada arquitectura o algún tipo de mobiliario urbano, pero en otras muchas la ignorancia y la desidia hacen posible su desaparición: Fachadas, farolas, kioscos, acerados y todo tipo de arquitectura histórico-urbana desaparecen para siempre sin considerar el daño que se produce en la identidad de la ciudad.

Ejemplos de imprudencias de este tipo, por desgracia, abundan a lo largo de la historia en cualquier punto de la geografía urbana. Refiriéndonos concretamente a la plaza de la Constitución han sido varios los monumentos instalados en su centro geométrico y la mayoría de ellos fueron trasladados posteriormente a diversos emplazamientos.

“El Sonajero” estuvo en la Plaza desde 1902 hasta 1959, y posteriormente se trasladó a la plaza de las Biznagas en la barriada 4 de Diciembre (García Grana). Con la transformación que está sufriendo esta barriada, el futuro de tan singular farola puede peligrar a pesar de estar incluida en el catalogo de patrimonio desde el año 2000 -antes oficialmente nadie sabía de su existencia-.

Pediría respeto para un trozo de ciudad que por más de medio siglo ocupó un lugar preferencial en Málaga, y que para algunos habrá quedado en el olvido y para otros es un entrañable recuerdo de juventud. Un respeto que pasaría simplemente por quedar colocada donde está en la actualidad o en cualquier otro lugar, cumpliendo la misión para la que fue diseñada por Tomás Brioso en 1902, al mismo tiempo que se respeta y recuerda nuestra historia.

Más de un siglo ha cumplido al servicio de la ciudad “El Sonajero”, un siglo de continuos cambios sociales en los que ha venido iluminando a la capital del paraíso.